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Anorexia y obesidad: ¿Qué tienen en común?

Estas dos patologías parecen ser polos opuestos, pero tienen mucho más en común de lo que se piensa.

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Según los investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), de la Universidad de Barcelona y del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN), los grupos con condiciones extremas de peso, como son la anorexia y la obesidad, pueden compartir factores de riesgo biológicos y fenotipos neurocognitivos. O expresado de otra manera, quienes sufren anorexia nerviosa u obesidad pueden tener alterada de igual manera la capacidad de tomar ciertas decisiones. Según el principal investigador, la capacidad de tomar decisiones en este tipo de pacientes está afectada, así como la inhibición de reacciones no apropiadas y en manifestar flexibilidad cognitiva. También se observó que las personas con más rasgos impulsivos mostraron limitaciones en el aprendizaje de las asociaciones apropiadas entre recompensa y castigo.

Como neurotransmisor más afectado se destaca la Dopamina; se citan las alteraciones en sus circuitos, ya que están implicados en algunos comportamientos alimentarios, así como en el uso excesivo de drogas.

Con esto se puede concluir que las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), como sucede en casos de anorexia nerviosa y obesidad, tienen en común ciertas correlaciones neurobiológicas que están relacionadas con las vías de recompensa y los circuitos neuronales relacionados con la comida. Este interesante estudio propone que el tratamiento más adecuado en estos pacientes debería tener como referente inicial los problemas de autocontrol (control severo o conductas impulsivas), y el déficit de toma de decisiones propias de estos trastornos.

Otro rasgo común que presentan estos dos trastornos es que el sabor de los alimentos puede verse alterado, según un estudio del Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), dado que cuando una persona se sitúa en un peso no saludable los procesos cerebrales alteran el sentido gustativo, llegando a dificultar la diferenciación entre un sabor neutro y uno dulce.

Ya es bien conocido que una alimentación equilibrada, variada, y suficiente es fundamental para garantizar una buena salud en la persona. Por este motivo, aprender a comer y conseguir adaptar unos hábitos saludables, así como tener una buena salud emocional, se convierten en una de las mejores inversiones para evitar trastornos alimentarios. Es de vital importancia ponerse en manos de especialistas y de equipos multidisciplinares (Médicos, Dietistas-Nutricionistas, Psicólogos, Psiquiatras…) para tratar desde todos los ámbitos posibles a estos pacientes, sanar la enfermedad y evitar futuras recaídas.

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