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Con hábitos de vida saludables podemos cuidar nuestros riñones

El Dr. Jorge Moisés, codirector del Instituto de Cardiología y Medicina Interna (CMI) y especialista en nefrología, nos explica qué es la Enfermedad Renal Crónica, cómo podemos evitarla y cuáles son sus tratamientos.

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La Enfermedad Renal Crónica representa uno de los principales problemas de salud pública del siglo XXI, tanto por su elevada prevalencia, como por su importante morbilidad y mortalidad cardiovascular.

La insuficiencia renal crónica es una enfermedad que disminuye progresivamente la función renal. Significa que sus riñones están dañados y no pueden filtrar la sangre como deberían. Este daño puede ocasionar que determinadas sustancias como la urea o nitrógeno ureico (sustancia tóxica que eliminan los riñones), se acumulen en el organismo. Cuando esto ocurre, la toxicidad de estas sustancias ocasionan el síndrome urémico que es un problemas de salud serio. Esta enfermedad empeora lentamente durante meses o años y es posible que no note ningún síntoma durante algún tiempo.

¿Qué causa la insuficiencia renal crónica?

Las causas que producen una insuficiencia renal crónica pueden ser diversas. Entre las más frecuentes destacan la hipertensión arterial, la diabetes, los procesos renales hereditarios (como la poliquistosis renal), las glomerulonefritis (inflamación de la unidad funcional de los riñones llamado glomérulo) o la nefritis tubulointersticiales.

¿Cuáles son los síntomas?

La filtración de sustancias tóxicas en la sangre puede producir diferentes síntomas en diferentes órganos o sistemas de nuestro cuerpo. Los más habituales se podrían clasificar en alteraciones:

  • Gastrointestinal: náuseas, vómitos y pérdida de apetito.

  • Alteraciones en sangre que pueden provocar anemia por disminución de una hormona (Eritropoyetina) que fabrica los glóbulos rojos, cierto grado de inmunodeficiencia debido a la alteración de los leucocitos y mala coagulación por la alteración de las plaquetas.

  • Cardiovascular: es común la hipertensión arterial, y en fases muy avanzadas puede darse insuficiencia cardíaca.

  • Hormonal: en la mujer puede ser causa de alteraciones en el ciclo menstrual y, con más frecuencia, pueden provocar falta de menstruaciones (amenorrea). Y en el hombre pueden provocar una reducción de la generación de espermatozoides e impotencia.

  • Neurológica: disfunción cerebral que puede ocasionar desde falta de concentración hasta un posible coma. Puede provocar, a nivel sensitivo, el síndrome de las piernas inquietas, y alteraciones de la sensibilidad o dolor en las extremidades.

  • Osteomuscular: fracturas, dolor óseo, alteraciones en la reabsorción ósea en los huesos. Se debe a un aumento excesivo de la creación de la hormona paratiroidea que es la implicada en el metabolismo óseo, produciendo y acelerando la destrucción o la reabsorción del hueso.

  • De electrolitos: el potasio manifiesta anomalías que pueden llegar a producir efectos severos en el corazón. El bicarbonato y otras alteraciones en el fósforo y calcio pueden ser causa de molestos picores.

  • Dermatológica: una manifestación muy común es el color pajizo de la piel, que suele estar provocado por la anemia, entre otros. Asimismo, el picor es muy frecuente y molesto hasta el punto que se debe vigilar la posible aparición de lesiones por rascar.

¿Qué tratamientos son los más indicados?

El tratamiento inicial es un tratamiento conservador precoz para evitar posibles complicaciones futuras. También resulta de gran importancia atender a las posibles secuelas a largo plazo e intentar retrasar el avance de la enfermedad en la medida de lo posible.

¿Debemos controlar la dieta?

Sí. No se puede consumir más de 100 g de carne o pescado al día y se debe reducir el consumo de sal y proteínas, así como de los alimentos con fósforo (leche, pan, etc.) o con potasio (frutas y verduras). La dieta debe completarse con hidratos de carbono, como legumbres o pasta.

¿Qué tratamientos farmacológicos son los más indicados?

El éxito del resultado dependerá en gran medida de la causa de la insuficiencia renal crónica. Hay que tratar la causa desencadenante de la misma. El objetivo del tratamiento farmacológico es ralentizar la progresión de la insuficiencia renal y mejorar la sintomatología urémica, reduciendo la ingesta de proteínas y manteniendo el equilibrio interno con la ingesta de agua, electrolitos y minerales. Se deben mantener los niveles normales de calcio, fósforo, hierro y valorar la EPO para el control de la anemia.

¿Qué tratamientos sustitutivos de la función renal existen actualmente?

Actualmente se pueden diferenciar tres tratamientos de la insuficiencia renal crónica terminal: diálisis peritoneal, hemodiálisis y trasplante renal. El paciente, a lo largo de su vida, puede recibir los tres tratamientos en diferentes momentos. No obstante, únicamente el trasplante renal puede reemplazar de manera global todas las funciones renales.

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