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Artrosis
Deformidad de las articulaciones de las manos. La artrosis es una enfermedad del cartílago en que éste pierde su estructura y la función para la que ha sido diseñado. Básicamente lo que ocurre es que el cartílago pierde parte de su contenido en agua y las fibras de colágeno que le dan forma se rompen. El resultado final es una disminución del grosor del cartílago y una deformidad del mismo que acaba dificultando el movimiento de la articulación afectada. Popularmente es lo que se conoce como desgaste o envejecimiento de las articulaciones. Hay muchos factores que intervienen en la aparición de la artrosis, los más importantes son:
La artrosis no siempre es consecuencia de un único factor, como el trabajo que realiza la articulación. La prueba es que el tobillo, que es una de las articulaciones que mayor carga soporta, raramente se ve afectado por esta enfermedad.
Esquema de una articulación normal con todos sus componentes. (FUENTE: Banco de imágenes de la Sociedad Española de Reumatología) La artrosis es un proceso que tradicionalmente se ha relacionado con el envejecimiento y en parte es así, pero no todos los ancianos tienen una artrosis y hay gente joven que la padece. Serán los factores mecánico, hormonal y genético los que van a condicionar el que tengamos o no una artrosis. ¿Qué consecuencias tiene la artrosis? Son dos básicamente: el dolor y la pérdida de movilidad. El dolor aparecerá al intentar mover la articulación afectada o cuando carguemos peso sobre ella. El reposo mitigará o hará que desaparezca completamente. El mismo dolor y la pérdida de función del cartílago acarrearán un progresivo anquilosamiento de la articulación que puede llegar a la pérdida completa de su función. ¿Cómo se diagnostica la artrosis? Un minucioso interrogatorio sobre los síntomas que produce y la exploración de la articulación (visualización, palpación y movilización) permiten al especialista diagnosticar la artrosis. Una radiografía simple nos permite confirmar el diagnóstico aunque el cartílago no se ve en la radiografía, pero sí otros signos que produce la artrosis. Técnicas de imagen más complejas como la resonancia y el escáner son innecesarias salvo en casos muy concretos. En estos momentos no disponemos de ningún fármaco que sea capaz de corregir o evitar la degradación del cartílago de una forma fehaciente. La industria farmacéutica está destinando muchos recursos a conseguirlo y los resultados no tardarán en llegar. De todas formas podemos hacer mucho para paliar las consecuencias de la artrosis. Será fundamental la higiene de las articulaciones:
Una vez la artrosis se ha instaurado, podemos controlar el dolor a base de fármacos analgésicos; pocas veces debemos utilizar antiinflamatorios. La fisioterapia es un complemento fundamental en todas sus vertientes, tanto en la realización de ejercicios que tonifiquen la musculatura sin forzar la articulación (ejercicios isométricos), como en la utilización de técnicas analgésicas que pueden complementar e incluso sustituir a los medicamentos. Cuando todo esto fracasa, y nunca antes, nos queda el recurso de la cirugía. Actualmente los cirujanos ortopedas son capaces realizar limpiezas articulares mínimamente agresivas (vía artroscopia), de realinear una articulación que se ha desviado e incluso de sustituir una articulación dañada por otra artificial con grandes garantías de éxito. |
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