Trastornos adaptativos

Se denominan trastornos adaptativos los síntomas emocionales o somáticos que se producen en respuesta a uno o varios estresores identificables. Estos elementos estresores pueden provenir de una situación personal (enfermedad, divorcio, jubilación…) o de cualquier ámbito del entorno del individuo: familiar (conflicto de pareja, hijos problemáticos, padres enfermos, disputas entre hermanos…), laboral (sobrecarga de trabajo, problemas con jefes o compañeros, acoso…), económico (dificultades financieras…), social (ruptura o pérdida de amistades…), legal (problemas con la justicia…), doméstico (conflictos vecinales, cambios de domicilio…) y un largo etcétera, que va desde la situación más aparentemente banal hasta la más compleja.
Los elementos comunes que hallamos en los trastornos adaptativos son los siguientes:
  • El estrés: Significa que las exigencias o demandas percibidas superan a los recursos propios percibidos. Dicho de otra forma, la persona siente que no posee herramientas suficientes para afrontar lo que le sucede o cree que le va a suceder.
  • La presencia de síntomas emocionales: Desde un leve malestar o un desasosiego, hasta síntomas claramente depresivos o ansiosos, que pueden ir acompañados de diversos síntomas físicos (cansancio, cefalea, dificultad respiratoria, molestias digestivas…) y cognitivos (dificultades de concentración y pérdida de memoria). Buena parte de estos síntomas son debidos al aumento de la secreción de cortisol, en respuesta al estrés crónico.
Esta respuesta desadaptativa, ya que no es útil para resolver o manejar la situación, supone habitualmente un deterioro o una disminución de la actividad social o laboral y puede llegar a provocar cuadros depresivos graves y alteraciones del comportamiento. Por ello, aunque las causas que originan los trastornos adaptativos puedan parecer banales o intrascendentes, las consecuencias no lo son y con frecuencia requieren ayuda profesional.