Leucemia crónica

A diferencia de las leucemias agudas, las crónicas se instauran a lo largo de años y su diagnóstico se establece cuando la enfermedad ya lleva años evolucionando. En el momento actual, debido a que la gente se efectúa controles analíticos frecuentes, en una gran proporción de casos el diagnóstico se plantea casualmente con motivo de alteraciones en analíticas rutinarias hallándose el paciente asintomático. Estas alteraciones consisten habitualmente en la observación de un aumento de glóbulos blancos en la sangre (leucocitosis) que pueden ser de origen linfoide o mieloide; en el primer grupo encontramos distintas entidades que se denominan síndromes linfoproliferativos crónicos: por ejemplo, la leucemia linfática crónica, la tricoleucemia, el linfoma folicular leucemizado o el linfoma esplénico de linfocitos vellosos circulantes; y en el segundo, otras como la leucemia mieloide crónica, la leucemia neutrofílica crónica o la leucemia mielomonocítica crónica. Dichos diagnósticos pueden establecerse tan sólo después de efectuar estudios especiales como pruebas de imagen (TC), citometría de flujo, citogenética y biología molecular. Con la excepción de la leucemia mieloide crónica, en el resto de entidades, y debido al carácter crónico e indolente de estas enfermedades, el tratamiento puede demorarse hasta que el paciente presente sintomatología derivada de la enfermedad.