Biopsia del ganglio linfático: ¿Cuándo hay que realizarla?

En aquellos pocos casos en los que los pasos descritos no permitan el establecimiento de un diagnóstico y muy especialmente, en aquellos en los que se sospeche una enfermedad neoplásica, debe practicarse una biopsia ganglionar. La importancia de la biopsioa ganglionar en este contexto queda enfatizada, por su inclusión, como maniobra diagnóstica mayor en las recientes recomendaciones de la European School of Medical Oncology (Escuela Europea de Medicina Oncológica) y también de la americana National Comprehensive Cancer Network para el diagnóstico de las enfermedades linfoproliferativas.

Para asegurar la "rentabilidad" diagnóstica de la biopsia ganglionar es fundamental la colaboración entre el clínico, el cirujano y el patólogo. Ello permitirá decidir qué adenopatía biopsiar, lo que no siempre coincide con la más fácil de biopsiar; en ese sentido son preferibles las adenopatías de las fosas supraclaviculares a las axilares e inguinales. Una vez realizada la biopsia, que preferiblemente debe ser excisional, el ganglio debe mandarse en fresco al Departamento de Anatomía Patológica, donde el patólogo, previa obtención de material para los cultivos microbiológicos si se da el caso, procesará la muestra. El procesamiento consiste en:

1. Obtención de improntas ganglionares, útiles para realizar estudios citológicos, citoquímicos y también de hibridación in situ para el estudio, por ejemplo, de translocaciones cromosómicas.

2. Fijación en formol de una sección ganglionar que posteriormente se incluirá en parafina, lo que permitirá llevar a cabo los estudios morfológicos e inmunohistoquímicos necesarios para llegar al diagnóstico. Idealmente, caso de que se disponga de más material, otra sección ganglionar se utilizará para obtener suspensiones celulares para realizar análisis citofluorométricos y citogenéticos. Finalmente, el material restante deberá congelarse y guardarse en un Banco de Tejidos y emplearse, previo consentimiento del paciente, con fines de investigación y, llegado el caso, también diagnósticos, ya que de los tejidos así congelados se obtiene material genético de alta calidad que, en un futuro cercano, podrá utilizarse en el diagnóstico de las enfermedades linfoproliferativas a través de microarrays de ADN.