¿Cuáles son los síntomas?

El síntoma más característico que puede señalar la existencia de un linfoma es la inflamación de un ganglio linfático, lo que se conoce como una "adenopatía". No necesariamente tienen que existir otras molestias y, por ello, puede pasar desapercibido durante mucho tiempo.

En ocasiones, sobre todo en los linfomas agresivos y muy agresivos, sí se producen síntomas de enfermedad, como pérdida de peso, falta de apetito, fiebre, sudoración profusa o cansancio.

Las adenopatías del linfoma pueden aparecer sobre todo en el cuello, las axilas o las ingles. En ocasiones puede aumentar el tamaño del hígado y el bazo. Por último, el linfoma a veces afecta a órganos como el estómago, hueso, pulmón, cerebro o testículo.

Siempre que aparezca un ganglio linfático inflamado, es decir, que una persona se note "un bulto", sea cual sea su localización, es importante acudir a un médico para que lo valore y determine si hay que hacer alguna prueba, aunque la causa más frecuente de la aparición de una adenopatía es que exista una infección, muchas veces banal.