¿Cómo se diagnostica un linfoma?

  • Biopsia ganglionar. La biopsia ganglionar es la técnica que se utiliza para diagnosticar un linfoma. Se trata de estudiar microscópicamente el tejido del ganglio implicado. Para ello hace falta sacar una muestra de este o, mejor, la adenopatía entera. Esto se hace mediante una pequeña intervención, generalmente con anestesia local. No produce molestias importantes, sobre todo si el ganglio es externo. Sólo más raramente hay que biopsiar ganglios internos u otros órganos del cuerpo como el estómago o el hígado. La biopsia es la única manera de diagnosticar el linfoma y de conocer el tipo exacto. Así pues, resulta absolutamente imprescindible para determinar qué tratamiento hay que seguir.
  • Estudio de extensión Una vez hecho el diagnóstico, hay que realizar otras exploraciones para conocer cuál es la extensión de la enfermedad. Es lo que se conoce como estudio de extensión del linfoma y consiste habitualmente en las siguientes pruebas:

- Análisis de sangre completo

- Radiografías de tórax

- Tomografía axial computarizada (TC), también conocida como scanner de tórax, abdomen y pelvis

- Biopsia de la médula ósea

Y en determinados casos:

- Resonancia magnética nuclear

- Gammagrafía

- Fibrogastroscopia, fibrocolonoscopia o fibrobroncoscopia

Con la biopsia y las pruebas complementarias, el médico conoce el grado de afección de los órganos y el estadio de la enfermedad, y puede establecer el tratamiento a seguir.

Para cuantificar la extensión de la enfermedad se utiliza la clasificación de Ann Arbor, que define cuatro grados de afección o estadios (del I al IV):

I. Un solo territorio ganglionar o zona con ganglios

II. Dos o más territorios ganglionares al mismo lado del diafragma

III. Dos o más territorios a ambos lados del diafragma

IV. Afección a distancia de otros órganos (es lo que en otros tipos de cáncer se denomina metástasis)