¿Qué tipos de linfoma hay?

Existen muchos tipos de linfomas y es difícil clasificarlos porque son muy diferentes entre sí: por el origen, por la localización o por la relación con otros órganos importantes. Esto es fundamental, ya que dependiendo del tipo específico, la agresividad del linfoma y sus posibilidades de curación son muy distintas.

Aun así, una clasificación simplificada podría ser la siguiente:

Linfoma de Hodgkin: se caracteriza por la aparición de ganglios linfáticos en diferentes zonas, a menudo en el tórax. Con el tratamiento adecuado suele tener buen pronóstico.

Linfomas no-Hodgkin: engloba más de 30 enfermedades distintas que se pueden agrupar de la siguiente forma:

  • Linfomas Agresivos. Representan alrededor de la mitad de todos los linfomas no-Hodgkin. Son linfomas de crecimiento muy rápido. Típicamente cursan con inflamación de los ganglios linfáticos, pero además pueden infiltrar otros órganos en forma de metástasis. Pese a su agresividad clínica, son más sensibles al tratamiento que los linfomas indolentes, de manera que una buena proporción de ellos puede curarse con el tratamiento oportuno.
  • Linfomas Indolentes. Representan alrededor del 40% de los linfomas no-Hodgkin. Son linfomas de crecimiento lento y escasa agresividad, pero con frecuencia se encuentran muy extendidos en el momento del diagnóstico. Siempre tienen que estar bajo control médico porque en una pequeña proporción se convierten en agresivos. Aunque los pacientes con linfoma indolente pueden vivir muchos años con el linfoma, paradójicamente resulta muy difícil de curar.
  • Linfomas Muy Agresivos. Suponen alrededor de un 10% de todos los linfomas no-Hodgkin. La proliferación de las células tumorales es rapidísima, de modo que el número de células (y por tanto, la masa de tumor) puede doblarse en 24 horas. Son equivalentes a las leucemias agudas y como tales requieren un tratamiento inmediato y muy radical. Además de la inflamación de ganglios linfáticos, con mucha frecuencia se afectan otros órganos como la médula ósea y el sistema nervioso.

Es muy importante señalar que cuando hablamos de agresividad de un linfoma hacemos referencia a la malignidad intrínseca de este y no necesariamente a la extensión de la enfermedad. De este modo, un linfoma indolente suele estar extendido y, sin embargo, sigue teniendo un pronóstico relativamente favorable. Los linfomas considerados agresivos a menudo responden muy bien al tratamiento y pueden curarse.