¿Cuál es el tratamiento?

Una vez se conoce el tipo de linfoma y el grado de extensión (estadio), se puede iniciar el tratamiento. El médico especialista valorará cada caso para determinar el más adecuado. No existen reglas de oro porque cada paciente y su linfoma son diferentes.

  • Abstención terapéutica

En muchos de los linfomas indolentes no es necesario actuar inmediatamente. Si la enfermedad no da síntomas y es de crecimiento muy lento, la mejor opción pue de ser no dar tratamiento hasta que aparezcan más manifestaciones clínicas. Es lo que se llama abstención terapéutica. Por supuesto hay que hacer controles médicos relativamente frecuentes (por ejemplo cada 3 meses) para determinar el momento en que se debe iniciar algún tratamiento activo. Aunque el linfoma no sea curable, el paciente puede vivir muchos años con los oportunos controles. De alguna forma, en estos casos hay que tomarse el linfoma indolente como una enfermedad crónica.

  • Quimioterapia

Es el tratamiento más habitual por su gran eficacia en los linfomas. Consiste en la administración de diferentes fármacos que son muy tóxicos para las células tumorales y las destruyen de manera que llegan a erradicar completamente el linfoma. La quimioterapia es el tratamiento utilizado en la mayoría de linfomas, si bien, a veces, hay que complementarla con otras medidas terapéuticas.

  • Radioterapia

En el tratamiento de los linfomas es, generalmente, una terapia complementaria a la quimioterapia y se aplica después de esta. En muy pocos linfomas es el tratamiento principal.

Se trata de administrar radiaciones de alta energía que destruyen las células cancerosas.

La aplicación es local en determinadas zonas ganglionares. Como en el caso de la quimioterapia, tampoco requiere ingreso en el hospital. Se programan sesiones cortas, que pueden durar máximo media hora.

  • Terapias biológicas

Nuevas técnicas, fruto de la investigación del funcionamiento del organismo humano, son las que se llaman terapias biológicas porque utilizan sustancias producidas por el propio organismo, o similares a ellas pero fabricadas en un laboratorio. Las más utilizadas, ya, en el tratamiento de los linfomas son los anticuerpos monoclonales.

Los anticuerpos son sustancias que produce el sistema inmunitario humano para defenderse con gran eficacia de los agentes externos (o antígenos). Se llaman monoclonales porque se refieren a un solo clon de linfocitos B, que son las células que los producen. Un clon se refiere a que son células que provienen del cultivo de una única célula. Su descubrimiento supone un gran adelanto porque los anticuerpos se fijan selectivamente a su antígeno "diana" que está en la célula tumoral. De esta manera, las células del linfoma pueden ser destruidas selectivamente con escasa toxicidad para las células normales. El rituximab (anti-CD20) es el anticuerpo monoclonal más utilizado. La administración es también por vía intravenosa en un centro hospitalario y normalmente sin ingreso.

  • Trasplante de progenitores hemopoyéticos

En muchos linfomas de los muy agresivos y en algunos de los clasificados como indolentes o agresivos se puede plantear hacer un tratamiento con quimioterapia muy potente y, entonces, proceder a un trasplante de progenitores hemopoyéticos, que son las células madre de la médula ósea. Estas células también están presentes en la sangre, de donde es más sencilla su extracción. Un trasplante sólo se practica cuando el tratamiento con quimioterapia ya ha dado buenos resultados con el paciente.

La finalidad del trasplante es aplicar una dosis muy fuerte de quimioterapia para conseguir la remisión total del tumor. Esta dosis dañaría a las células sanas de la médula ósea de manera casi irreversible. Para conseguir la recuperación rápida del organismo, se obtienen células sanas en buenas condiciones antes de proceder a la quimioterapia agresiva. De esta manera, cuando finaliza la terapia, se vuelven a infundir al enfermo. En primer lugar, se aíslan las células madre o progenitores hemopoyéticos por extracción sanguínea y centrifugando la sangre. Ese material se congela y posteriormente, tras haber administrado la quimioterapia, se infunde de nuevo por vía intravenosa (como un suero). A esto se le denomina autotrasplante de progenitores hemopoyéticos. Para realizarlo hace falta ingresar y pasar un tiempo en el hospital, en general alrededor de un mes.

En casos especiales se puede proceder a un trasplante de células madre o progenitores hemopoyéticos de un hermano compatible. Es lo que se denomina trasplante alogénico de progenitores hemopoyéticos.