Los cánones de la belleza han ido cambiando a través de la historia. Y la belleza femenina y masculina que han sido, desde tiempos prehistóricos, capaces de despertar sentimientos, es hoy día una aspiración generalizada en las culturas occidentales. Es cierto que los códigos de belleza, como la moda, han ido variando a lo largo del tiempo, pero han sido las facciones de la cara humana las que han polarizado la atención e incluso la pasión de los artistas de cada época.
Pero el término "belleza" referido a la persona humana provoca siempre sugestiones agradables que tienen su raíz en la corrección, el equilibrio, las relaciones proporcionales entre las diversas partes del cuerpo. La belleza es también un bien para compartir y hacer compartir. Algunos dirían que incluso es un deber perseguir la belleza.
Por fortuna, las técnicas modernas de la cirugía rinológica y estética son un recurso que permiten modificar la forma y el tamaño de la nariz, buscando el equilibrio con el resto de características faciales, dando a la persona que no se siente bien en él, una existencia más agradable, desde diversos puntos de vista: personal, sexual, afectivo, social y laboral.
La nariz "perfecta" no existe
La nariz no puede ser contemplada aisladamente sin tener en cuenta el conjunto de las características faciales del paciente. A menudo, una ligera intervención en la forma de la nariz, puede contribuir a una importante mejora del aspecto facial. Lo más importante de todo es que antes de practicar cualquier intervención para modificar la forma de la nariz, el paciente tenga muy claro, y comprenda de manera realista qué cambios son posibles, así como sus limitaciones.
La comunicación entre el paciente y su cirujano es muy importante para comprender qué se quiere conseguir de la cirugía, y en consecuencia, determinará el mayor o menor grado de satisfacción una vez realizada la intervención.
La mejora del aspecto general puede ser psicológicamente beneficiosa para el paciente, y casi siempre proporciona un incremento de la autosatisfacción y de la confianza en sí mismo. No obstante, los pacientes no deberían esperar la aprobación de toda la familia, los amigos y conocidos, de los resultados de la cirugía, ya que las razones y las motivaciones para un cambio de aspecto son muy personales y sólo se pueden valorar de manera subjetiva. Lo más importante de todo es que el paciente y el cirujano estén satisfechos de los resultados de la cirugía.