Dependiendo de si la catarata es más o menos densa, puede dar lugar a visión borrosa, disminución de la intensidad de los colores, deslumbramiento, dificultad a la lectura, aunque en fases iniciales algunos pacientes pueden notar que pueden leer sin gafas, mala visión por la noche, etc.
Una vez diagnosticada, la cirugía es el único tratamiento posible. Con las técnicas de tratamiento quirúrgico actuales no es recomendable esperar para extraerlas a que estén maduras, si no que deben operarse en el momento en que el paciente nota disminución de su visión o cuando ya son un impedimento para llevar una vida activa normal (conducir, leer, ver la televisión, etc.)
Previo a la cirugía se realiza un estudio analítico y una serie de pruebas (electrocardiograma, radiografías, etc.) para determinar su estado general. Este estudio es necesario para que el anestesista pueda determinar el tipo de anestesia necesario.
El tratamiento consiste en la extracción del cristalino opaco mediante una incisión de aproximadamente 2,2 mm y la emulsificación y aspiración de la catarata, implantando en su lugar una lente intraocular artificial que se despliega en el interior del ojo y que le devuelve la transparencia perdida. Esta técnica se conoce como facoemulsificación con implante de lente intraocular y es la técnica mas avanzada en la cirugía de cataratas, no siendo necesario emplear suturas, lo que permite una rápida rehabilitación visual.
La anestesia puede realizarse, en la mayoría de los casos, con gotas de anestésico (anestesia tópica) junto con una sedación suave para minimizar la posible ansiedad, y con control por parte de un anestesista durante toda la intervención.