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Trastornos de la Conducta Alimentaria en la sociedad occidental

Anorexia Nerviosa, Bulimia Nerviosa, Trastorno por Atracón y Trastorno Evitativo/Restrictivo son Trastornos Alimentarios que en la sociedad occidental adquieren mucha relevancia. En España, se calcula que los Trastornos Alimentarios son la tercera enfermedad crónica más común entre jóvenes y adolescentes.

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Los trastornos de la conducta alimentaria, también conocidos como TCA, son una de las enfermedades más frecuentes en adolescentes y mujeres jóvenes. Enfermedades psiquiátricas y psicológicas, que se caracterizan por tener una alteración definida del patrón de ingesta o de la conducta sobre el control del peso, que produce un deterioro físico y psicosocial. En consecuencia, aparece una malnutrición que afecta a todo el organismo y al funcionamiento cerebral, lo que puede llegar a perpetuar el trastorno mental.

Según la ACABEste enlace se abrirá en una ventana nueva, en España la prevalencia de TCA en población adolescente se sitúa alrededor del 4,1-4,5% entre los 12 y los 21 años.

Pueden afectar a personas de cualquier edad, sexo, raza o nivel socioeconómico, aunque lo más frecuente es que se inicien en la adolescencia o adultez joven y afecten en mayor medida a mujeres que a hombres. Debido a diferentes causas que analizaremos en el estudio, en la sociedad occidental es donde más se producen.

Los TCA comprenden la anorexia nerviosa (AN), la Bulimia nerviosa (BN), el Trastorno por Atracón, y el Trastorno Evitativo/Restrictivo de la Ingesta Alimentaria.

¿Cómo se explica que sea una enfermedad del mundo occidental?

La anorexia nerviosa y la bulimia están condicionadas por síntomas dependientes de la edad y el sexo, pero también viene determinada por factores socioculturales, es la presión por parte de la sociedad, de los medios de comunicación, el anhelo de delgadez.

Aunque hay muchos factores socioculturales que pueden desencadenar estos trastornos, es probable que una parte de la población tenga una mayor predisposición a sufrirlos, independientemente de la presión que pueda ejercer el entorno.

Las dimensiones corporales de la mujer han sido valoradas de distintas maneras en las diferentes épocas de la historia del mundo occidental. En las sociedades primitivas, las mujeres gordas tenían más atractivo sexual que las delgadas. Una mujer gorda constituía una señal de estatus elevado, de prestigio, y la delgadez se atribuía a la enfermedad y la muerte. Los cambios históricos acarrean cambios culturales y cambios en los patrones estéticos y corporales. En el establecimiento de los modelos estéticos, intervienen multitud de factores, aunque cada país tenga su prototipo de belleza específico. En todas las culturas se han llevado a cabo procedimientos para cambiar alguna característica corporal para incrementar el atractivo sexual y social, utilizando pinturas o cosméticos, pero hasta la llegada del mundo moderno no se encuentran culturas donde se pretende tener más atractivo social aumentando o disminuyendo el cuerpo. Así pues, el prototipo de belleza de la mujer en la moda ha variado sustancialmente con los años, prueba de ello son los registros fotográficos de mujeres, desde las mujeres con cuerpos más bien rellenos, hasta los estereotipos actuales de la belleza asociada a la delgadez. Se podría también conceptualizar que allí donde escasea el alimento, la obesidad es signo de prestigio social y de potencial socioeconómico. Por el contrario, el ideal de delgadez se da en sociedades donde la obtención del alimento no supone un problema. Este fenómeno deja entrever que los valores asociados al alimento (necesidad básica), son sustituidos por otros de carácter estético más culturizados y alejados de lo primario, de lo más estrictamente biológico. Las sociedades occidentales invierten sustancialmente cada año en servicios y productos relacionados con la búsqueda de pérdida de peso y millones de personas siguen una dieta rigurosa. La preocupación por el peso y la imagen corporal está tan extendida que en la sociedad actual, es un fenómeno que puede considerarse como normal en la experiencia femenina, convirtiéndose en lo anormal una no preocupación por el cuerpo. Esta preocupación e insatisfacción suscitada por el propio cuerpo, tiene que encontrar alguna solución. Los afectados intentan resolver sus problemas eligiendo entre las múltiples alternativas para perder peso, muchas de ellas peligrosas para la salud, constituyendo al fin y al cabo un riesgo de padecer un trastorno alimentario.

La imagen de un modelo ideal de belleza, compartido y reconocido socialmente, supone una presión altamente significativa en todos y cada uno de los miembros de la población. Las mujeres que encarnan o se identifican con ese modelo tienen razones para valorarse positivamente. Quienes no reúnen estas características, pueden padecer baja autoestima.

Se une a todo ello la existencia en nuestra sociedad de uno de los rechazos sociales más claros: el rechazo a la persona obesa, tanto que un niño de seis años de edad ya lo tiene totalmente interiorizado. Se ha observado que los niños a esta edad atribuyen características positivas (bueno, simpático, feliz...) a una persona delgada y características negativas (tramposo, sucio, lento...) a una persona gruesa. A parte de este caso de rechazo, a la persona obesa se le atribuye la responsabilidad de su enfermedad.

Los estudios actuales muestran que, en las sociedades industriales, parece ser mucho más prevalente el trastorno, dado que abunda comida y que estar delgado se relaciona estrechamente con el atractivo, especialmente en mujeres. Los estudios específicos al respecto muestran que este trastorno es más frecuente en Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia, Japón, Nueva Zelanda y Sudáfrica. De la prevalencia en otras culturas se posee muy poca información. Los factores culturales no sólo inciden en la prevalencia de la enfermedad, sino que también influyen en las manifestaciones de la misma.

¿Qué papel tienen la moda y la publicidad en estos trastornos?

Los medios de comunicación son portavoces y creadores de los estereotipos estéticos corporales que surgen en la población, y que actualmente están referidos a la imagen de delgadez, son una influencia externa potencialmente perjudicial para el desarrollo de la anorexia nerviosa, pero son sólo un factor más, recordemos todo lo mencionado hasta este punto que hace referencia a una enfermedad multideterminada, con múltiples factores predisponentes, precipitantes y de mantenimiento.

La denominada "industria del peso" (tratamientos adelgazantes, gimnasios, masajes, productos "light", cremas reductoras, tratamientos de institutos de belleza) así como los medios de comunicación, catálogos de moda, y spots publicitarios, ofrecen una imagen positiva de la delgadez.

Es cierto que difunden un prototipo ideal de delgadez, especialmente de la mujer que debe ser alta, joven, delgada, sin defecto alguno rozando la perfección y lo relacionan directamente con éxito sexual y social. Pero no son el único medio de difusión de dicho mensaje, también el grupo de iguales y la familia pueden inculcar o darle valor a este mensaje.

Contribuyen a determinar el estado de opinión y evaluación corporal, con sus mensajes incorporan el estereotipo estético, lo concretan y potencian, todo ello enraizado en una publicidad comercial, creando un importantísimo mercado descubierto por los comerciales y productores de más de mil recursos de adelgazamiento. Los medios de comunicación junto con mensajes verbales lanzan imágenes de cuerpos que sutil o burdamente van destilando mensajes y señales que facilitan la difusión y consiguiente interiorización de la cultura de la delgadez.

Un gran número de anuncios incitan al uso o consumo de productos para adelgazar, casi uno de cada cuatro anuncios que llegan a un público femenino invitan de alguna manera a la mujer, a perder peso. Toman prioridad aquellos productos que son de actuación específica e inmediata, como es el caso de las cremas y pomadas adelgazantes. En segundo lugar, aparecen los alimentos de tipo calórico. Los argumentos pro-adelgazamientos son fundamentalmente estéticos mientras que solo un pequeño porcentaje está relacionado con la salud. Esta publicidad se produce, principalmente en mujeres de 14 a 24 años. Se hace por lo tanto evidente el bombardeo al que están sometidos los jóvenes y adolescentes, empezando la interiorización de los modelos estéticos corporales a edades muy tempranas, al igual que los anhelos por adelgazar y llevar a cabo alguna dieta, dado que se encuentran en la misma sociedad que los adultos y como ellos experimentan las mismas influencias, además ellos quedan mediatizados por los adultos y mayores que tienen más cerca y que son más significativos desde una perspectiva socioafectiva.

El papel que las televisiones ejercen en la difusión de valores y modelos relacionados con la estética de la delgadez es el medio de comunicación más intensivo. El modelo suministrado por televisión es el de la mujer sumamente delgada y joven. El cine, las series de televisión y las revistas acompañan el mismo mensaje.

Asimismo, el mundo de la moda incluyendo modelos, modistas y costureras juegan un papel relevante en la preocupación femenina por revelar/ocultar el cuerpo. Un factor importante tener en cuenta en el mundo de la moda son las modelos. Sin ellas casi no habría difusión de las tendencias de la moda. Ellas protagonizan las exhibiciones de todo género en revistas, en televisión, carteles urbanos etc. Sus siluetas, sus figuras extremadamente delgadas parecen ejercer influencias decisivas en muchas adolescentes, jóvenes y algunas nostálgicas de la juventud. Esta esbelta delgadez tan deseada por los diseñadores y que tantas modelos tienen, está al borde de lo patológico, los diseñadores son los primeros que promueven o consienten en cierto modo este tipo de enfermedad.

¿Se debería actuar más severamente con los medios de comunicación (publicidad, series de TV) y con la selección de la pasarela?

Los medios de comunicación públicos y privados no tienen que utilizar la imagen de la mujer con un peso claramente inferior a unos límites saludables y sí fomentar nuevos modelos corporales más acordes con la realidad; deben desarrollar campañas de información destinadas a advertir de los riesgos de las dietas hipocalóricas; deben promover mensajes que prevengan la anorexia y bulimia nerviosa; deben esforzarse por promover mensajes en los que no sea tan importante el aspecto externo como el contenido, la inteligencia, el ingenio, el esfuerzo, la cultura; evitar la aparición de dietas en publicaciones y programas destinados a menores de 18 años o en el caso de medios de difusión destinados a adultos, las dietas deben aparecer avaladas por nutricionistas y médicos; promover campañas dirigidas a los jóvenes que pongan de manifiesto la importancia de una alimentación adecuada, los hábitos de vida saludable y la valoración de la propia autoimagen.

Sin embargo, para conseguir prevenir estas enfermedades resulta imprescindible buscar soluciones desde una óptica multifactorial, que cuente con la participación de los responsables públicos de las áreas de juventud, de sanidad, de cultura, de comercio, de deportes, de igualdad… Todos los sectores han de verse implicados, con la finalidad de alcanzar compromisos firmes para que los condicionantes socioculturales dejen de ser una amenaza para la salud de los jóvenes en cuanto a trastornos de la alimentación.

El caso de la pasarela requiere una referencia específica. Es evidente que la malnutrición de muchas modelos y maniquíes, que son modelos a imitar por muchas personas eleva el riesgo de aparición de trastornos alimentarios entre los más jóvenes. En este aspecto es importante que no se permitadesfilar a maniquíes que muestren una delgadez extrema, controlando su índice de masa corporal establecido en >18. Sin embargo, este comportamiento sigue siendo una excepción en el mundo de la moda ya que durante los últimos años en las pasarelas se han exhibido una serie de modelos extremadamente delgadas.

También es necesario que dicha intervención tenga efectos sobre las tallas, es decir sobre la moda que llega a las tiendas, ofreciendo igualdad de tallas en todas las tiendas, fenómeno que de no ser así ocasiona frustración a un gran número de mujeres, y que abastezcan de tallas asequibles para la media de todas las mujeres.

Los TCA en internet

Las webs que inducen a la anorexia y la bulimia nerviosa, conocidas como "pro-ana" y "pro-mía", se están convirtiendo en los contenidos nocivos más visitados por las menores. Un 17% de menores entre 8 y 17 años (17,5% chicas y 16,5% chicos), sobre todo adolescentes, las visitan. Y el 19,1% conoce a otros que lo hacen. Año tras año se multiplican las páginas pro-ana y pro-mía y existe una alarma evidente.

La imagen de un modelo ideal de belleza, compartido y reconocido socialmente, supone una presión altamente significativa en todos y cada uno de los miembros de la población. Las personas que encarnan o se identifican con ese modelo tienen razones para valorarse positivamente. Quienes no reúnen estas características, pueden padecer baja autoestima.

Sin duda, estimular una actitud crítica hacia los medios de comunicación que transmiten mensajes erróneos en torno a la alimentación y la dieta o que ofrecen modelos estéticos a imitar basados en la delgadez enfermiza es una buena manera de comenzar a prevenir la anorexia y la bulimia nerviosa entre los y las adolescentes.

Es necesario promover un marco legislativo adecuado para garantizar que no se utiliza la delgadez como reclamo y se ofrezca una imagen más rica y plural de la juventud, en concreto de las mujeres jóvenes.


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Dr. Jordi Sasot Llevadot Èlia Sasot Ibáñez
Psiquiatra Infanto-Juvenil
Coordinador de la Unidad de Paidopsiquiatria. Centro Médico Teknon.

Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil
Unidad de Paidopsiquiatria. Centro Médico Teknon.


Imagen | Freepik.es

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