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¿Cómo ha afectado la pandemia a nuestra salud mental?

Según diferentes estudios, una de cada cinco personas que ha sufrido la enfermedad por COVID-19 es diagnosticada, en un plazo máximo de tres meses desde la infección, de algún tipo de trastorno psiquiátrico que no había sufrido antes.

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Además, también ha tenido consecuencias en quienes estaban diagnosticados, habían superado una enfermedad mental o en personas que nunca habían sufrido este tipo de patologías.

Hace poco más de un año y medio que el gobierno español decretó el estado de alarma, en nuestro país que incluían severas medidas de confinamiento, cuarentena y aislamiento social.

Durante esta crisis, en la que todavía estamos inmersos, la población en general y los trabajadores y trabajadoras sanitarias en particular han estado sometidos a una serie de circunstancias que desafían sus capacidades de elaboración emocional, contención y resiliencia. Dichas circunstancias han repercutido en la salud emocional de las personas, tanto en las que ya estaban afectas de algún tipo de afectación psiquiátrica, como las que no habían debutado con ningún cuadro sintomatológico suficientemente significativo.

En los inicios de la pandemia, la dinámica de la consulta tuvo que reajustarse con el fin de ofrecer a los pacientes la atención que necesitaban en un contexto tan excepcional, pasando de ofrecer atención presencial a visitas en formato "telemático", facilitado por la propia idiosincrasia de nuestra especialidad. A pesar de que el contacto "virtual" nunca podrá superar el clima y la conexión que se establece en una visita psiquiátrica convencional, gracias a las nuevas tecnologías hemos podido seguir atendiendo en momentos de extrema necesidad a nuestros pacientes con la mejor calidad posible a pesar de las limitaciones existentes.

Paralelamente a la atención a nuestros pacientes en la consulta "virtual", las hospitalizaciones aumentaban a ritmo desenfrenado en los hospitales, y las UCIS se colapsaban, siendo el personal sanitario en el caso de Teknon reubicado para poder sostener tal presión asistencial. En este contexto adverso, decidimos como equipo ayudar desde nuestra humilde posición brindando desinteresadamente atención psiquiátrica y psicológica inicialmente a los pacientes afectos de COVID-19 que la necesitaran y posteriormente también a los profesionales dedicados a cuidarlos.

La mayor parte de los pacientes atendidos no presentaban antecedentes psiquiátricos destacables, pero estaban realmente comprometidos a nivel psicológico después de tantos días hospitalizados, algunos de ellos con cuadros inicialmente graves, con estancias en la UCI, después en planta, estando por supuesto en todo momento aislados, sin poder recibir visitas de sus familiares, habiendo en algunos casos sufrido pérdidas familiares, sin poderse ni tan solo despedir. Una experiencia impactante para cualquier profesional de la psiquiatría que, si bien estamos acostumbrados a lidiar en nuestro día a día con todo tipo de sufrimiento emocional, no estábamos preparados para un evento de semejantes dimensiones.

¿Cómo ha afectado la pandemia a nuestra salud mental?

Mi experiencia en este año de pandemia me lleva decir que el impacto de la COVID en los pacientes afectos por patología mental previa ha sido aterrador; muchos de ellos que permanecían estables en cuanto a sus síntomas psiquiátricos se refiere han tenido severas descompensaciones de su enfermedad de base, probablemente relacionadas con las estrictas medidas de aislamiento social y el cambio radical en cuanto a su dinámica vital, que ya era "per se" terapéutica para ellos.

Después están el grupo de pacientes que hasta ahora no habían consultado con Psiquiatría, o si lo habían hecho había sido tiempo atrás y estaban actualmente sin tratamiento o seguimiento alguno. Mi percepción personal es que la COVID-19 ha actuado como un catalizador, un trigger que ha desencadenado sintomatología psiquiátrica en menor o mayor grado que de alguna manera permanecía en estado de "letargo" hasta la fecha. Dichos síntomas abarcan desde la ansiedad en todas sus presentaciones y grados de gravedad posibles (somatizaciones, crisis de pánico, fobias, etc..) hasta trastornos afectivos, trastornos psicóticos, adicciones, trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), entre otros.

La salud mental de quienes han sufrido la COVID-19

Y ahora, después de un año de pandemia, también cada vez se sabe más acerca del virus y del impacto sobre la salud de algunas de las personas que lo han sufrido.

En mi práctica, he ido conociendo casos a lo largo de este tiempo de pacientes sin antecedentes psiquiátricos destacables, que después de meses de haberse infectado por la COVID-19, han presentado síntomas tanto somáticos como psiquiátricos (fatiga, cansancio, dolor articular, parestesias, migraña, falta de energía, insomnio, tristeza, labilidad…), siendo algunos de estos síntomas difíciles de discernir o catalogar, dado que se solapan entre sí.

Los estudios demuestran que prácticamente una de cada cinco personas que ha sufrido la enfermedad por covid19 es diagnosticada, en un plazo máximo de tres meses después de la infección, con algún tipo de trastorno psiquiátrico que no había sufrido antes. Dichas conclusiones científicas y nuestra propia experiencia diaria, nos llevan por tanto aún más a defender, el abordaje multidisciplinar en este tipo de casos.

Y como reflexión final, cabe pensar que las experiencias y conocimientos adquiridos durante la pandemia actual, nos permitirán ampliar y mejorar el abordaje psicoterapéutico y farmacológico de nuestros pacientes, que son, en definitiva, nuestra principal prioridad.

Por último, destacar que es importante acudir los especialistas en salud mental cuando experimentemos los síntomas descritos, con el fin de tratarlos cuanto antes.

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