Artrosis de rodilla

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas principales son el dolor y la limitación de la función articular. Pueden añadirse: rigidez, crepitación, tumefacción, restricción del arco de movimiento articular, inestabilidad articular o atrofia muscular según el caso.

A día de hoy, la artrosis de rodilla es una enfermedad que no tiene cura, pero sí existen terapias para controlar el dolor, reducir la limitación de la funcionalidad y retrasar la evolución de la enfermedad.


¿Qué tratamientos existen en la actualidad?

Las terapias no farmacológicas, son básicas y se recomiendan a todos los pacientes. Se incluyen: el acceso a información de calidad, la reducción del 5% del peso en 6 meses, el uso de calzado amortiguado y el mantenimiento de una actividad física de moderada intensidad que evite un impacto directo sobre la rodilla.

Dentro de las terapias farmacológicas disponemos de diferentes opciones: orales, tópicas, e intraarticulares.

Con respecto a las terapias farmacológicas orales: el paracetamol es ampliamente utilizado, sin embargo, su eficacia es, en diversos casos leve y a corto plazo. El sulfato de glucosamina y el condroitin sulfato son considerados modificadores de la enfermedad de acción lenta por una parte de la comunidad científica y podrían presentar un beneficio sobre el dolor y la función en pacientes muy seleccionados. Los anti-inflamatorios no esteroideos son eficaces para mejorar el dolor, pero el perfil de seguridad debe ser considerado minuciosamente en cada paciente. La duloxetina puede tener un papel en controlar fenómenos de sensibilización al dolor en determinados candidatos y la utilización de derivados de los opioides, ya sean menores o mayores, debe de decidirse con precaución en casos concretos.

En cuanto a los suplementos dietéticos (nutracéuticos) como la Boswellia serrata, lípidos insaponificables de aguacate, el colágeno, la Cúrcuma longa, la Unicaria tomentosa, extracto de cáscara de fruta de la pasión, los ácidos grasos omega-3, el ácido gama-linoleico, la L-carnitina, el extracto de mejillon de labios verdes, el metilsulfonilmetano, el extracto de la corteza de pino, magnesio etc. no se recomiendan de manera generalizada, pues los ensayos clínicos que presentan, tienen importantes problemas metodológicos que dificultan la interpretación de los resultados, pudiendo ser la diferencia con el placebo mínima. Si se tiene interés, se recomienda hablar sobre esta posibilidad con su médico y recibir una información fidedigna sobre cada compuesto, ajustada a cada caso concreto, y evitar la automedicación sin un buen consejo previo.

A nivel de terapias tópicas, la capsaicina o los antiinflamatorios no esteroideos en gel o crema pueden tener beneficios a corto plazo, pero uso debe consultarse para cada caso concreto.

Las infiltraciones con corticosteroides presentan un efecto sobre el dolor a corto plazo y podrían ser utilizadas en aquellos pacientes que presenten derrame articular. Sin embargo, la frecuencia de estas infiltraciones debe limitarse en el tiempo por el riesgo de pérdida de grosor del cartílago a largo plazo.

Las infiltraciones con factores de crecimiento plaquetario o plasma rico en plaquetas, son otra opción en pacientes seleccionados. Tienen la ventaja de ser un tratamiento autólogo (de nuestro propio cuerpo), minimizándose el riesgo de reacciones adversas a corto y largo plazo.

Por último, la prótesis de rodilla es un procedimiento habitual para el tratamiento de la artrosis rodilla en fase avanzada, pero debe reservarse exclusivamente para aquellos pacientes que no hayan respondido satisfactoriamente a terapias menos agresivas, pues si bien en una parte de los casos es un tratamiento definitivo, no está exento de la posibilidad de complicaciones.


¿Qué tratamientos se esperan en un futuro?

En la actualidad, existen 4 grandes líneas de investigación tremendamente activas, enfocadas en lo que a día de hoy se consideran las 4 dianas clave del tratamiento de la artrosis: La inflamación, el anabolismo y catabolismo de cartílago, el remodelado óseo y el control del dolor. Estos grandes esfuerzos de la comunidad científica podrían empezar a dar frutos en los próximos años con nuevos tratamientos farmacológicos inyectados u orales que mejoren el armamentario terapéutico actual.


Consejos:

En el caso de sufrir dolor en su rodilla, debe acudir a su reumatólogo, recibir una valoración clínica, y si procede, realizar las exploraciones complementarias que su reumatólogo considere en su caso. Tras la evaluación, deben comentarse los riesgos y beneficios de las terapias existentes y entonces elegir la estrategia de tratamiento que se ajuste al caso concreto.